Batalla de Ayacucho

De La Venciclopedia

La batalla de Ayacucho fue un conflicto militar durante las guerras de independencia de hispanoamérica ocurrido en Pampa de Quinua, Ayacucho, Perú, el 9 de diciembre de 1824, entre la República del Perú y la Gran Colombia, y el Imperio español y el virreinato del Perú. Fue la última gran batalla de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas (1809-1826).


Ayacucho marcó el final del dominio colonial español en América del Sur, afirmó la independencia del Perú y puso fin a su virreinato mediante una capitulación militar. España no renunció a sus posesiones americanas hasta que se decretó la negociación de tratados de paz el 16 de diciembre de 1836. Ese mismo año, México se convirtió en el primer hispanoamericano en firmar la paz con España. Le siguieron Ecuador (1840), Chile (1844), Venezuela (1846), Bolivia (1847), Costa Rica, Nicaragua (1850), República Dominicana (1855), Argentina (1859), Guatemala (1863), El Salvador (1864), Perú (1879), Paraguay (1880), Uruguay (1870), Colombia (1881), Honduras (1894), Cuba (1903) y Panamá (1904).[1].

batalla de Ayacucho
batalla de Ayacucho
Batalla de Ayacucho  (1890)
Antonio Herrera Toro  - óleo sobre tela

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Datos básicos
Fecha 9 de diciembre de 1824
Lugar Pampa de Quinua, Ayacucho, Perú
Resultado Victoria del Ejército Unido Libertador. Capitulación del virrey del Perú. Fin de las grandes campañas en América del Sur.
Coordenadas -13.0425, -74.131667
Beligerantes
República del Perú
Gran Colombia
Imperio español
Virreinato del Perú
Comandantes
Antonio José de Sucre
Agustín Gamarra
José de la Serna
José de Canterac
Fuerzas
5780-8500 6906-9310
Bajas
370 muertos 1800 muertos
700 heridos

Antecedentes

La batalla de Ayacucho fue precedida por conflictos internos y externos que debilitaron la capacidad militar del Imperio español. El antecedente de más importancia sucedió el 1 de enero de 1820, con la sublevación del general español Rafael del Riego Flores y otros oficiales liberales.[2] El objetivo era restablecer la Constitución de Cádiz de 1812 contra el gobierno absolutista del rey Fernando VII, pero la crisis política también prohibió el envío de 20 000 soldados destinados a auxiliar a los realistas en América. Hasta entonces, los españoles habían contenido la revolución hispanoamericana, pero sin la posibilidad de refuerzos, los ejércitos realistas de Perú y Nueva España (México) tuvieron que enfrentar las ofensivas patriotas por sí mismos.

En el Perú, el virrey Joaquín de la Pezuela estaba desprestigiado por sucesivos fracasos militares y por su lealtad al absolutismo de Fernando VII. El 29 de enero de 1821 José de la Serna y otros militares liberales lo derrocaron mediante el Pronunciamiento de Aznapuquio. De la Serna proclamó su adhesión a la Constitución liberal española. Entre los reveses de Pezuela estuvo el triunfo independentista en la Batalla de Cerro de Pasco, pero los ejércitos de De La Serna contuvieron intentos subsiguientes incluyendo la Batalla de Ica, la Expedición Libertadora, y la batalla de Zepita. Ante el avance español, Antonio José de Sucre reembarcó a sus tropas el 10 de octubre de 1823, pero perdió parte de su caballería.

Conflictos internos también afectaron a los independentistas. Los presidentes peruanos José Mariano de la Riva-Agüero y José Bernardo de Tagle fueron acusados de traidores por decisiones contrarias a los intereses de la independencia. El 16 de junio de 1823, Riva Agüero trasladó los organismos del gobierno y sus tropas a la Fortaleza del Real Felipe del Callao cuando el jefe realista José de Canterac avanzó contra Lima. Canterac ocupó la ciudad el 19 de junio.

En el Callao, el Congreso creó Poder militar al mando de Sucre y acordó solicitar la colaboración Simón Bolívar en la guerra contra los españoles (19 de junio de 1823). Sucre recibió facultades iguales a las de presidente mientras durara la crisis y Riva Agüero fue exonerado del mando el 23 de junio de 1823. Riva Agüero desoyó la decisión del congreso y marchó a Trujillo con parte de las autoridades. Allí se mantuvo como Presidente, organizó tropas, decretó la disolución del Congreso (19 de julio de 1823) y organizó congreso paralelo. El congreso reconoció al presidente provisorio Torre Tagle como presidente (6 de agosto) y declaró a Riva Agüero reo de alta traición (8 de agosto).[3]

Riva Agüero empezó a negociar una tregua con los españoles y Bolívar emprendió acciones en su contra, pero antes de iniciarse algún conflicto fue capturado por oficiales encabezados por el coronel Antonio Gutiérrez de la Fuente (25 de noviembre). Gutiérrez tenía órdenes de fusilarlo, pero en vez de eso lo desterró a Guayaquil.

Por su parte, Torre Tagle se involucró en confusas negociaciones con los españoles que buscaban negociar una paz sin batallas con el virrey De La Serna. Inicialmente, Bolívar le encargo negociar una tregua con el objetivo de ganar tiempo. Las negociaciones del ministro de Guerra Juan de Berindoaga fracasaron, y Tagle le confesó a su regreso que el vicepresidente Diego de Aliaga había comunicado la lealtad de ambos a la causa realista sin su consentimiento (3 de febrero de 1824).

El 1 de enero de 1824 Bolívar enfermó en Pativilca. El 4 de febrero se sublevó la infantería argentina en el acuartelamiento del Callao junto con otros soldados independentistas. Los argentinos habían sido dejados ahí por San Martín tras la entrevista de Guayaquil con el Libertador (1822). Unos dos mil hombres se pasaron al bando realista y les entregaron El Callao [4]. Tropas realistas avanzaron a Lima para apoyar a los sublevados y Bolívar ordenó evacuar la ciudad.

El 10 de febrero de 1824, el Congreso otorgó poderes dictatoriales al Libertador y cesó la presidencia de Torre Tagle. Bolívar creyó Tagle junto con Berindoaga estaban detrás de la sublevación y ordenó su captura y juicio. Según Tarre, Bolívar ordenó su fusilamiento.[4] Tagle se entregó al general realista Juan Antonio Monet cuando este ocupó Lima el 29 de febrero. El 14 de febrero se amotinó el regimiento de granaderos a caballo de los Andes en Lurín pero se unieron a Bolívar en Lima al enterarse que los sublevados de El Calleo se habían pasado a los realistas. Ante tales sucesos,[5] el ministro de Colombia Joaquín Mosquera le preguntó a Bolívar, :«¿Y qué piensa Ud. hacer ahora?». Bolívar respondió, "triunfar".

Bolívar solicitó refuerzos a Colombia y preparó la campaña final contra el Ejército Real del Perú mientras la situación de los realistas empeoraba debido a la situación en Europa y incapacidad de De La Serna para comunicarse con Madrid. De la Serna dependería de sus propios recursos y la lealtad de sus subordinados para lo que fue la campaña final de la independencia americana".[6] Según Alberto Wagner de Reyna, si los espanoles hubiesen tomado ventaja de las viscicitudes de los independentistas, y Bolívar especialmente, "habrían dado el último golpe a la independencia de esta parte de América".[7]

Otro hecho significativo fue la firma de la Convención Preliminar de Paz el 4 de julio de 1823 entre los enviados del gobierno liberal español, Antonio Pereira y Luis La Robla, y el ministro Bernardino Rivadavia en representación del gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata.[8] Según Rufino Blanco Fombona, este pacto con los españoles afectó el desarrollo de la campaña de Ayacucho[9] aunque fue rechazado tanto por realistas como independentistas tras recibir invitaciones de Rivadavia a firmarlo. Incluyendo al virrey De la Serna.[10][11] Según este plan, las hostilidades cesarían 60 días después de su ratificación y subsistiría durante un año y medio, mientras se negociaba un tratado definitivo de paz.[12]

Las acciones de Rivadavia, quien creía que tregua traería alguna paz, paralizó las preparaciones de la campaña de Ayacucho al negar apoyo a las tropas en Perú.[13] Daniel Florencio O'Leary consideró que la negociación de tregua retiró a Buenos Aires de la contienda y perjudicó a la causa americana.[14]

Rebelión de Olañeta

Artículo principal: Rebelión de Olañeta
Sorpresivamente, al comenzar el año 1824, todo el ejército realista del Alto Perú se sublevó junto al caudillo absolutista español Pedro Antonio Olañeta contra el Virrey del Perú, tras saberse que en España había caído el gobierno Constitucional. Efectivamente, el monarca Fernando VII y sus partidarios absolutistas, recuperaban el gobierno apoyados por 132 000 soldados franceses del ejército de la Santa Alianza, que ocupará España hasta 1830. Rafael del Riego murió ahorcado el 7 de noviembre de 1823 y los propulsores del movimiento liberal fueron ajusticiados, marginados o exiliados de España. El 1 de octubre de 1823 el monarca decretaba la abolición de todo lo aprobado durante los tres años de gobierno constitucional, lo que anulaba el nombramiento de La Serna como Virrey del Perú. El alcance de la purga sobre los constitucionales de Virreinato del Perú parecía infalible.

Olañeta ordena el ataque de los realistas altoperuanos contra los constitucionales del virreinato peruano.[15] La Serna cambió sus planes de bajar a la costa para batir a Bolívar, y mandó a Jerónimo Valdés con una fuerza de 5000 veteranos a cruzar el río Desaguadero, lo que se llevó a cabo el 22 de enero de 1824, para dirigirlo a Potosí contra su antiguo subordinado, "pues hay indicios que lo dirige una meditada traición, uniéndose a los disidentes de Buenos aires". Las Memorias para la historia de las armas españolas en el Perú del oficial peninsular Andrés García Camba (1846) detallan el trastorno que los sucesos del Alto Perú produjeron en los cálculos defensivos del virrey. Tras una prolongada campaña en las batallas de Tarabuquillo, Sala, Cotagaita, y finalmente la Lava el día 17 de agosto de 1824, ambas fuerzas realistas, del Virreinato del Perú (liberales) y de las provincias del Alto Perú (absolutistas), se diezmaron mutuamente.

Bolívar, en comunicación con Olañeta, aprovechó el desmontaje del aparato defensivo realista para "movernos en todo el mes de mayo contra Jauja", y enfrentarse a José de Canterac aislado en Junín el 6 de agosto de 1824. Dio comienzo entonces una incesante persecución con la consecuente deserción de 2700 realistas, que seguidamente engrosaban las filas independientes. Finalmente el 7 de octubre de 1824, con sus tropas a las puertas del Cuzco, Bolívar entregó al general Sucre el mando del nuevo frente de batalla, que recorría el curso del río Apurímac, y se retiró a Lima para tomar de la capital más empréstitos para sostener la guerra en el Perú, y recibir una división colombiana de 4000 hombres despachada por Páez que no llegaría sino después de Ayacucho.[16]

La Campaña de Ayacucho

El Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre.

La desintegración del cuerpo de observación de Canterac obligó a La Serna a llevar desde Potosí a Jerónimo Valdés, quien acudió a marchas forzadas con sus soldados. Reunidos los generales realistas, y a pesar de las muestras de sincera adhesión del Cusco, el virrey descartó un asalto directo por la falta de instrucción de sus milicias, aumentadas mediante reclutas masivas de campesinos unas semanas antes. Por el contrario intentó cortar la retaguardia de Sucre a través de maniobras de marchas y contramarchas, que se sucedieron desde el Cusco hasta el encuentro en Ayacucho, a lo largo de la cordillera andina. De esta forma, los realistas buscaron un golpe de mano que obtuvieron el 3 de diciembre en la batalla de Corpahuaico o Matará, donde a costa de tan solo 30 hombres ocasionaron al ejército libertador mas de 500 bajas y la perdida de buena parte del parque y la artillería. Pero Sucre y su estado mayor lograron mantener la organización de la tropa e impidieron al virrey explotar ese éxito local. Aún a costa de sensibles pérdidas en hombres y material Sucre mantuvo al Ejército Unido en repliegue ordenado, y siempre situado en posiciones aseguradas, de difícil acceso como el campo de Quinoa.

Otro libro de memorias, In the service of the Republic of Peru del general Guillermo Miller, ofrece la visión de los independentistas. Además del talento de Bolívar y el de Sucre, el Ejército Unido se nutrió de buena parte de la experiencia militar del siglo: el batallón Rifles del ejército de colombia, se encontraba compuesto de tropas mercenarias europeas, que en su mayoría eran voluntarios británicos. Esta unidad sufrió considerables bajas en Corpahuico. También se encontraban entre sus filas veteranos de la independencia española, norteamericana e hispanoamericana hasta casos como el sargento mayor de origen alemán Carlos Sowersby, veterano de la batalla de Borodino contra Napoleón Bonaparte en Rusia.

Los realistas habían consumido sus recursos en una guerra de movimientos sin haber logrado obtener una victoria decisiva sobre el ejército libertador. Por la extrema dureza de las condiciones de una campaña en la cordillera andina, ambos ejércitos quedaron con el número de sus tropas seriamente reducidas por enfermedad y deserción, que afectó en el mismo grado a los independientes, y que igualmente se focalizó en milicias carentes de instrucción militar o la recluta formada de prisioneros enemigos. Los jefes realistas habíanse posicionado en las alturas del cerro Condorcunca (en quechua: cuello de condor), una buena posición defensiva que no podían sostener dado que en menos de cinco días se verían obligados a retirarse por la hambruna de la tropa, lo que equivalía a la dispersión de su ejército y una segura derrota por la próxima llegada de refuerzos de Colombia, motivo por el cual se vieron impulsados a tomar una decisión desesperada: la batalla de Ayacucho daba comienzo.

Orden de batalla

Existe un debate en torno a las cifras de combatientes, pero hay que tener presente que unos y otros comenzaron la campaña con un estado de fuerza de ejércitos (8500 independientes vs. 9310 realistas) que disminuyeron su número en las semanas siguientes hasta mismo el día de la batalla (5780 independientes vs. 6906 leales) por las razones expuestas anteriormente.

Batalla de Ayacucho

Ejército Unido Libertador del Perú

Antes del inicio de la batalla, Antonio José de Sucre arengó a sus tropas.

"¡Soldados!, de los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur; otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia. ¡Soldados!: ¡Viva el Libertador! ¡Viva Bolívar, salvador del Perú!."
Antonio José de Sucre
Nuestra línea formaba un ángulo; la derecha, compuesta de los batallones Bogotá, Boltijeros, Pichincha y Caracas, de la primera division de Colombia, al mando del señor general Córdova. La izquierda de los batallones 1ro, 2do, 3ro y legión peruana, con los húsares de Junín, bajo el ilustrisimo señor general La Mar. Al centro, los granaderos y húsares de Colombia, con el señor general Miller; y en reserva los batallones Rifles, Vencedor y Bargas, de la primera division de Colombia, al mando del señor general Lara.
Parte de la batalla de Ayacucho

Nótese que el mariscal Sucre omite mencionar en el parte a los Granaderos a Caballo del Río de la Plata. En Memoirs of General Miller: in the service of the republic of Peru, el general Miller da la composición completa de las fuerzas al mando de Sucre:

  • División Cordova: Bogota, Caracas, Voltigeros, Pichincha.
  • Caballería, Miller (centro): Regimientos Hussares de Junín, Granaderos de Colombia, Hussares de Colombia, Granaderos a Caballo de Buenos Aires.
  • Division La Mar (izquierda): Legion. No. 1, 2, y 3.
  • Division Lara (reserva): Vargas, Vencedores, Cazadores.[17]}}

La afirmación de Miller respecto de que los Húsares de Junín estaban en su división contradice lo que Sucre dice en el parte.[18]

Ejército Real del Perú

Los Españoles bajaron velozmente sus columnas, pasando á las quebradas de nuestra izquierda los batallones Cantabria, Centro, Castro, 1ro Imperial y dos escuadrones de húsares con una batería de seis piezas, formando demasiadamente su ataque por esa parte. Sobre el centro formaban los batallones Burgos, Infante, Victoria, Guias y 2do del primer Regimiento, apoyando la izquierda de éste con los tres escuadrones de la Unión, el de San Carlos, los cuatro de los Granaderos de la Guardia y las cinco piezas de artillería ya situadas; y en la altura de nuestra izquierda los batallones 1ro y 2do de Gerona, 2do Imperial, 1ro del primer Regimiento, el de Fernandinos, y el escuadrón de Granaderos de Alabarderos del Virrey.[19]
Europeos en el ejército del virrey La Serna

El número de soldados naturales de España que combatieron en Ayacucho ha sido acotado por los mismos testimonios posteriores a la contienda. En el año 1824 los europeos combatiendo en todo el virreinato ascendían a 1500 según el brigadier García Camba, mientras que según el comisario regio Diego Cónsul Jove Lacomme el número total de europeos era de 1200, y de los que solo 39 hombres formaban en la división del Alto Perú.[20]

Según García Camba,[21] el día de la batalla de Ayacucho los europeos en el ejército del virrey eran aproximadamente 500 hombres mientras que Bulnes cita 900 "desde el virrey al último corneta", apoyándose en el diario del capitán Bernardo F. Escudero y Reguera, oficial del Estado Mayor de Valdés.[22]

Pero el testimonio del general Jerónimo Valdés corrobora la cifra de 500 hombres "de soldado a jefe".[23] El número de prisioneros realistas capturados tras la batalla de Ayacucho, 1512 eran americanos y 751 españoles, con lo que se deduce que el número de combatientes peninsulares al mando del virrey La Serna puede estar en torno a esa cifra.[24][25]

Desarrollo de las acciones

Croquis de la batalla de Ayacucho.[26]
A. Posiciones realistas en la noche del 8 al 9
B. Maniobra preparatoria para el ataque realista
C. Marcha de los batallones al mando del coronel Rubín de Celis
D. Maniobra y ataque de la división Monet
E. Ataque de la vanguardia de Valdés sobre la casa ocupada por los independentistas
F. Carga de la caballería realista
M. Avance y dispersión de los batallones de Gerona parte de la reserva realista
K. Batallón Fernando VII, última reserva realista

El dispositivo organizado por los planes de Canterac preveía que la división de vanguardia de Valdés rodease en solitario la agrupación enemiga, cruzando el río Pampas para fijar en el terreno a las unidades de la izquierda de Sucre, lo que se realizaba en la primera fase de la batalla. Mientras, el resto del ejército realista descendía frontalmente desde el cerro Condorcunca, abandonando sus posiciones defensivas y cargando contra el grueso del enemigo al que esperaba encontrar desorganizado, quedarían en reserva los batallones Gerona y Fernando VII dispuestos en segunda línea para ser enviados a donde fueran requeridos.

Sucre se dio cuenta inmediatamente de la arriesgada maniobra, que resultaba evidente en la medida que los realistas se encontraban en una pendiente, imposibilitados de camuflar sus movimientos. El coronel español Joaquín Rubín de Celis, que mandaba el Regimiento primero del Cuzco, y que debía proteger el emplazamiento de la artillería, que aun se encontraba despiezada y cargada en sus mulas, se adelantó impetuosamente al llano muy prematuramente, interpretando defectuosamente órdenes directas del Virrey "se arrojó solo y del modo más temerario al ataque" donde su unidad fue destrozada y él mismo muerto en el decisivo contraataque de la división de Córdova, que entonces avanza en compactas formaciones de línea, y que con un fuego eficaz también empuja atrás a los dispersos tiradores de la división de Villalobos, acabados de descender en formaciones de Guerrilla. La división de Córdova, apoyada por la caballería de Miller, acometió directamente a la masa desorganizada de tropas realistas que sin poder formar para la batalla descendían en hileras de las montañas, fue en este ataque que el general José María Córdova pronunció su famosa frase "División, armas a discreción, de frente, paso de vencedores".

Viendo el descalabro que había sufrido su izquierda, el general Monet, sin esperar que su caballería formara en el llano, cruzó el barranco y a la cabeza de su división se lanzó sobre la de Córdova logrando formar a dos de sus batallones en batalla, pero prontamente atacado por la división independentista fue envuelto antes que el resto de sus tropas pudieran formar de la misma manera. Durante estas acciones Monet fue herido y tres de sus jefes muertos. Los dispersos de su línea arrastraron a las masas de milicianos en su retirada. La caballería realista al mando de Ferraz cargó sobre los escuadrones enemigos que acosaban la izquierda de Monet, pero que apoyados por el fuego de su infantería causaron una enorme cantidad de bajas en los jinetes de Ferraz, cuyos sobrevivientes fueron obligados a retirarse del campo de batalla.

En el otro extremo de la línea, la segunda división de José de La Mar apoyada por el batallón Vargas de la tercera división de Jacinto Lara detuvieron juntas la acometida de los veteranos de la vanguardia de Valdés que habíanse lanzado a tomar la solitaria casa ocupada por algunas compañías independentistas, las cuales fueron arrolladas en principio y obligadas a retroceder, y serían reforzadas por la carga de los Húsares de Junín bajo la dirección de Miller y luego el Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín volvieron al ataque,[27] al que se sumaría luego la victoriosa división de Córdova.

El Virrey La Serna y demás oficiales intentaron restablecer la batalla y reorganizar a los dispersos que huían y el mismo general Canterac dirigió la división de reserva sobre la llanura. Sin embargo los reclutados de los batallones Gerona no eran los mismos que habían vencido en las batallas de Torata y Moquegua, pues durante la rebelión de Olañeta habían perdido a casi todos sus veteranos e incluso a su antiguo comandante Cayetano Ameller. Esta tropa compuesta por soldados forzados a combatir se dispersó antes de enfrentar al enemigo siguiéndole luego tras una débil resistencia el disminuído batallón Fernando VII. A la una de la tarde el virrey había sido herido y hecho prisionero junto a gran número de sus oficiales, y aunque la división de Valdés seguía combatiendo en la derecha de su línea, la batalla estaba ganada para los independentistas. Las bajas confesadas por Sucre fueron 370 muertos y 609 heridos mientras que las realistas fueron estimadas en 1800 muertos y 700 heridos, lo que representa una elevada mortandad en combate.

Con los diezmados restos de su división Valdés logró retirarse a las alturas de su retaguardia donde se unió a 200 jinetes que se habían agrupado en torno al general Canterac y a algunos pocos dispersos de las derrotadas divisiones realistas cuyos desmoralizados soldados en fuga llegaron incluso a disparar contra los oficiales que intentaban reagruparlos. Con el grueso del ejército real destruido, el mismo virrey en poder de los patriotas, y su enemigo Pedro Antonio Olañeta ocupando la retaguardia, los jefes realistas optaron por la capitulación tras la batalla.

La capitulación de Ayacucho

Artículo principal: Capitulación de Ayacucho

"Don José Canterac, teniente general de los reales ejércitos de S. M. C., encargado del mando superior del Perú por haber sido herido y prisionero en la batalla de este día el excelentísimo señor virrey don José de La Serna, habiendo oído a los señores generales y jefes que se reunieron después que, el ejército español, llenando en todos sentidos cuanto ha exigido la reputación de sus armas en la sangrienta jornada de Ayacucho y en toda la guerra del Perú, ha tenido que ceder el campo a las tropas independientes; y debiendo conciliar a un tiempo el honor a los restos de estas fuerzas, con la disminución de los males del país, he creído conveniente proponer y ajustar con el señor general de división de la República de Colombia, Antonio José de Sucre, comandante en jefe del ejército unido libertador del Perú".

Es el tratado firmado por el jefe de estado mayor realista, Canterac, y el general Sucre al concluir la batalla de Ayacucho, el mismo 9 de diciembre de 1824. Sus principales consecuencias fueron varias:

  • El ejército realista bajo el mando del virrey La Serna renunciaba a seguir la lucha.
  • La permanencia de los últimos soldados realistas en las fortalezas del Callao.
  • La República del Perú debió saldar la deuda económica y política a los países que contribuyeron militarmente a su independencia.

Bolívar convocó desde Lima al Congreso de Panamá, el 7 de diciembre, para la unidad de los nuevos países independientes. El proyecto fue ratificado únicamente por la Gran Colombia. Cuatro años más tarde la Gran Colombia, a causa del deseo personal de muchos de sus generales y de la ausencia de una visión unitaria, terminaría dividiéndose en las naciones que forman actualmente.

Teorías conspirativas sobre la batalla de Ayacucho

El historiador español Juan Carlos Losada decribió la capitulación como "la traición de Ayacucho" ya que el resultado de la batalla estaba pactado de antemano. Losada señala a Juan Antonio Monet como el encargado del acuerdo. "Los protagonistas guardaron siempre un escrupuloso pacto de silencio y, por tanto, sólo podemos especular, aunque con poco riesgo de equivocarnos” [28] Los jefes españoles, de ideas liberales y acusados de masonería al igual que los líderes militares independentistas, no siempre compartían las ideas del rey español Fernando VII y decidieron capitular, pero una capitulación sin batalla se habría juzgado indudablemente como traición.

Por el contrario, el comandante español Andrés García Camba escribió en sus memorias que los oficiales españoles, apodados "ayacuchos", fueron injustamente acusados a su llegada a España por capitular entre masones. Los veteranos españoles de la batalla respondieron, "Aquello se perdió, mi general, como se pierden las batallas".

El Alto Perú tras la batalla de Ayacucho

Luego del triunfo de Ayacucho, y siguiendo precisas instrucciones de Bolívar, el general Sucre entró en territorio del Alto Perú el 25 de febrero de 1825. Su papel se limitó a dar visos de legalidad a un proceso que los mismos altoperuanos ya habían puesto en marcha, además de mantener el orden e instalar inmediatamente la administración independentista. El general realista Pedro Antonio Olañeta permaneció en Potosí, en donde en enero recibió al batallón Unión procedente de Puno al mando del coronel José María Valdez. Luego convocó a un Consejo de Guerra que acordó continuar la resistencia en nombre de Fernando VII. Olañeta distribuyó sus tropas entre la fortaleza de Cotagaita con el batallón Chichas al mando del coronel Medinacelli, mientras Valdez con el Unión fue enviado a Chuquisaca y el propio Olañeta marchó a Vitichi, con 60 000 pesos de oro de la Casa de la Moneda de Potosí.

No obstante, en Cochabamba se sublevó el coronel José Martínez con el Primer Batallón Fernando VII, seguido en Vallegrande por el Segundo Batallón "Fernando VII, deponiendo al brigadier Francisco Aguilera el 12 de febrero. El coronel realista José Manuel Mercado ocupó Santa Cruz de la Sierra el 14 de febrero mientras Chayanta quedó en manos del teniente coronel Pedro Arraya, con los escuadrones Santa Victoria y Dragones Americanos. En Chuquisaca, el batallón Dragones de la Frontera del coronel Francisco López se pronunció por los independentistas el 22 de febrero, con lo cual la mayoría de las tropas realistas del Alto Perú renunciaron a continuar la lucha frente al poderoso ejército de Sucre. El coronel Medinacelli con trescientos soldados se sublevó también en contra de Olañeta. El 2 de abril de 1825 se enfrentaron en la batalla del Tumusla, que culminó con la muerte de Olañeta. El 7 de abril, el general José María Valdez se rindió en Chequelte ante el general patriota Urdininea, poniendo fin a la guerra en el Alto Perú.

Nacimiento de Bolivia

La Asamblea decretó que el nuevo estado nacido en el Alto Perú se llamaría República Bolívar, en homenaje al Libertador, quien fue designado Padre de la República. Se le concedió también el poder ejecutivo de forma vitalicia, con los honores de Protector y Presidente.[29] Bolívar agradeció estos honores, pero declinó el cargo, designando al mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre.

Independencia de Bolivia

Artículo principal: Declaración de Independencia de Bolivia
Convocada nuevamente la Asamblea Deliberante en Chuquisaca por el mariscal Sucre (9 de julio de 1825), se determinó la completa independencia del Alto Perú como república. Finalmente, junto a una comisión, el presidente de la Asamblea José Mariano Serrano redactó el Acta de la Independencia, la cual fue fechada el 6 de agosto de 1825 en honor a la Batalla de Junín ganada por Bolívar. La independencia fue declarada por 7 representantes de Charcas, 14 de Potosí, 12 por La Paz, 13 por Cochabamba y 2 por Santa Cruz.

Reconocimiento a los combatientes

En honor y reconocimiento a los combatientes independentistas de la batalla, en el lugar de batalla se construyó un obelisco conmemorativo. Actualmente se encuentra en el Distrito de Quinua, Provincia de Huamanga, 37 Km. al noreste de la ciudad de Ayacucho y a a 3300 m s. n. m.


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  • Bencomo, Héctor. Diccionario Multimedia de Historia de Venezuela. Caracas: Fundación Polar. Venezuela. 1994. ISBN: 9806397940
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  • Boulton, Alfredo. Miranda, Bolivar y Sucre: Tres estudios iconográficos. Caracas: Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos. Venezuela. 1959. 
  • Cova, Jesús Antonio. Sucre, ciudadano de América: vida del gran mariscal de Ayacucho. Caracas: Presidencia de la República. Venezuela. 1995. ISBN: 9800301801
  • Documentos en honor del Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre. Klein, Marvin (Ed.). Caracas: Presidencia de la República; Banco Provincial. Venezuela. 1995. 
  • Larrea Alba, Luis. Sucre, alto conductor político y militar. Caracas: Presidencia de la República. Venezuela. 1995. OCLC: 801089914. ISBN: 9800301828
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Referencias

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  3. El congreso constituyente del Perú, decreto que declara reo de alta traición a José de la Riva Aguero, 8 de agosto de 1823
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