Asamblea de San Francisco/Pronunciamiento de la ciudad de Caracas

De La Venciclopedia
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Para estudiar el contexto ir al artículo principal: Asamblea de San Francisco‎. El texto a continuación es una copia textual del original. Las puntuaciones y arcaísmos no han sido corregidos. Las firmas que acompañan el escrito han sido removidas. Estas pueden ser consultadas en la copia facsímil del Pronunciamiento disponible en la página del Biblioteca Virtual de Patrimonio Bibliográfico del Ministerio de Cultura de España.

Texto del documento[editar]

En 23 del mes actual (noviembre) llegó á esta ciudad la comunicación siguiente del Excmo. señor Libertador á S.E. el Jefe Superior, fechada el 13 de setiembre de 1829 en Guayaquil:

"He mandado publicar una circular convidando á todos los ciudadanos y corporaciones para que expresen formal y solemnemente sus opiniones. Ahora puede usted instar legalmente para que el público diga lo que quiera. Ha llegado el caso en que Venezuela se pronuncie sin atender á consideración ninguna más que al bien general. Si se adoptan medidas radicales para decir lo que verdaderamente ustedes desean, las reformas serán perfectas y el espíritu público se cumplirá. El comercio abrirá sus fuentes, y la agricultura será atendida sobre toda cosa. En fin todo se hará como ustedes lo quieran. Yo no me atrevo á indicar nada porque no quiero salir responsable, estando resuelto á no continuar en el mando supremo. Como este Congreso es admirable, no hay peligro en pedir lo que se quiera, y él sabrá cumplir con su deber decidiendo de los negocios con sabiduría y calma: nunca se ha necesitado de tanta como esta ocasión pues se trata nada menos que de constituir de nuevo la sociedad, ó por decirlo así, darle una existencia diferente. Bueno será que en estas circunstancias haya mucho cuidado con los revoltosos, pues á pretexto de opinión pública pueden intentar algún crimen que no debamos tolerar. Que digan con moderación al Congreso lo que sea justo ó se quiera, pero nada de acción y menos aún asonadas Yo no quiero el mando, mas si quieren arrebatármelo por fuerza ó intrigas, combatiré hasta el último caso. Yo saldré gustosamente por el camino real y conforme se debe á mi honor. Dígalo usted así á todos de mi parte. En fin: he dicho (esto) porque se teme que con mi circular haya alborotos, y hay gentes á quienes no les gusta el pronunciamiento del Colegio de Caracas. Para mí todo es bueno con moderación y conforme á lo mandado.-Quedo de usted, mi amado General, su agradecido amigo: digo agradecido, pues esta carta que contesto está muy noble y generosa para conmigo. Me ha enternecido la idea que usted ha dado, y ojalá pueda gozar con usted de la vida privada y compañía íntima.

"De usted de corazón

BOLÍVAR."

La anterior nota vino acompañada con otra de S.E. el Jefe Superior del 17 último, que dice á la letra:

"Valencia á 17 de noviembre de 1829.-A S.E. el General en Jefe Juan Bautista Arismendi.-Mi estimado compañero y amigo:-Desde la Victoria escribí á usted y todavía no he tenido contestación. Yo llegué bueno á esta ciudad y tuve la satisfacción de encontrarla en perfecta calma y tranquilidad. En el correo de hoy he recibido una carta del Libertador que alcanza hasta 13 de setiembre desde Guayaquil: tiene cosas muy buenas, y sobre todo dos párrafos interesantes que son los que en copia le acompaño. La circular de que habla en uno de ellos, ya se ha comunicado á esa prefectura; mas serían ilusorios los deseos de S. E., y esta disposición quedaría sin efecto, si los magistrados y las personas de influjo no ponen de su parte para cimentar la confianza pública, y animar á los ciudadanos á que emitan libre y francamente sus opiniones, porque nadie está dispensado de discurrir en esta materia cuando se trata de fijar los destinos de la patria, tan íntimamente ligados con los intereses individuales. Si se deja a otros este cuidado, á pesar de las invitaciones y garantías del gobierno, mostraría de parte de los ciudadanos más que indolencia, y lo que es peor, no tendrán después á quien quejarse. Anime, pues, usted á todos, inspire la mayor confianza, y diga á todos que estos son los deseos del Libertador, pues ya vé usted que me lo recomienda con encarecimiento. Él quiere que lo que se pida, sea con moderación y sin alborotos, porque desea penetrar la opinión pública en la calma de las pasiones: en este estado estamos nosotros, y así deben estar todos los ciudadanos. Anime, pues, usted á que pidan lo que quieran, pues lo contrario es engañar y engañarnos nosotros mismos. No deje usted de escribirme, que yo haré lo mismo durante el tiempo que falte de esa ciudad. Deseo su salud y que crea es su afectísimo servidor, compañero y amigo

José A. Páez."

Difundido su conocimiento conforme á la intención y expreso mandato de aquellos Jefes, todos los patriotas, hombres sensatos, convinieron en la necesidad de reunirse en un punto para tomar en consideración aquellos datos y las grandes é importantes materias conexionadas con ellos. S. E. el Jefe General de Policía fué invitado universalmente para que poniéndose á la cabeza de este proceder, mantuviese como guardián de la tranquilidad pública, el orden y armonía indispensables. Uniforme y solemnemente expresada esta, voluntad, dirigió S. E. en el día siguiente una invitación á todos los ciudadanos que por la autoridad que ejercen, ó sus talentos, ó su influjo, virtudes, propiedades ú otras circunstancias distingue este pueblo patriótico con una honrosa notabilidad. Dicha invitación fue del tenor siguiente:

"Caracas á 24 de noviembre de 1829.-Mi estimado: varios amigos de usted y míos piensan reunirse esta tarde á las seis en esta su casa, para tratar un asunto de donde pende nada menos que la felicidad de la República y la nuestra; por lo que quisiéramos que usted tuviese la bondad de acompañarnos: tendremos el mayor placer en oír sus opiniones.-Tengo el honor de ser de usted con la mayor consideración su afectísimo

Q.B.S.M.

Juan Bautista Arismendi."

Recibida con júbilo y satisfacción, concurrieron en efecto á la morada de S.E. todas las personas invitadas hasta el número aproximado de cuatrocientas. Leyó el Excmo. señor Jefe General, Presidente de la reunión, las comunicaciones preinsertas, y sometiendo al libre examen de la Asamblea la materia, excitó á su esclarecimiento, y á que con la franqueza y moderación de ciudadanos libres y virtuosos, expresasen sus opiniones. El contento, la satisfacción más pura, brillaron en todos los semblantes, y la más luminosa y espléndida discusión ocupó el espacio de cuatro horas. Resaltó en todos los discursos el más puro patriotismo, el interés más sublime por la dicha pública, una moderación ejemplar y las luces y experiencia que forman nuestro patrimonio. Concluyóse, pues, resolviendo con una absoluta conformidad, que se congregara al pueblo al día siguiente, á fin de que enterado de los antecedentes, expresara cada uno su voluntad. Tomáronse en consideración todas las precauciones y pasos que debieran ser previos, conforme se ejecutó después y se leerá más adelante, y todos unidos, hermanos y amigos se dieron un ósculo de paz y se retiraron satisfechos.

En cumplimiento de lo acordado, al amanecer del 25, dirigió el señor Jefe General de Policía al señor Prefecto benemérito General Lino de Clemente, el oficio que sigue:

"Noviembre 25.-Señor Prefecto Departamental.-En la noche de ayer se ha reunido cordial y amistosamente en la casa de mi habitación, según lo anuncié á US. verbal y anticipadamente con presencia de documentos, un número considerable de personas, entre las cuales se hallaban sobre cuatrocientas de los ciudadanos más notables de esta capital y casi todas las autoridades. Su objeto, laudable y patriótico, sin duda, no fue otro que el de informarse de los sentimientos benéficos del Excmo. señor Libertador Presidente y de S.E. el Jefe Superior, que se me habían comunicado recientemente, á fin de extender su conocimiento en este vecindario. Enterados que fueron y después de una madura y luminosa discusión, en que se disputaron la preferencia el patriotismo y la moderación, resolvieron por una absoluta conformidad, que al amanecer de hoy me dirigiese á US. á nombre de todos ellos y como encargado del orden y la tranquilidad pública, pidiéndole se sirviese publicar un bando antes de las nueve de la mañana, convocando á todos los ciudadanos á que concurran á las once de este día al convento de San Francisco. No es otro el fin que satisfacer los deseos del Libertador y del Jefe Superior: el de que todo los ciudadanos expresen con quietud y calma sus opiniones, y el de que el resultado de ello sea elevado á la consideración del Magistrado que tiene á su cargo la conservación de Venezuela. Previamente acordaron que US., como primera autoridad civil presidiese el acto, y que á este intento invitase yo á US. añadiendo, que si al principiar la reunión no se encontrara en ella, pasara una comisión selecta á suplicar á US., en nombre de todo el pueblo, que concurriera á presidirlos. Previendo que esto pudiera tener algún obstáculo, exigía de mí, que si á las nueve de la mañana no hubiese tenido electo el bando, lo mandase yo publicar; y en cumplimiento de mis deberes como guardián de la tranquilidad pública, no puedo menos que poner en conocimiento de US., que oí ofrecí cumplirlo así y que lo haré efectivamente. Yo no dudo del amor patrio do US. y fío en su ilustrada previsión, que se sirva proceder en consecuencia, y contestarme sin pérdida de instantes esta comunicación."

En el acto se dirigió S.E. al señor Coronel Juan Padrón, Comandante de Armas do la Provincia, en los términos siguientes:

"Noviembre 25.-Señor Coronel Comandante de Armas.-En la reunión particular de amigos y patriotas que convoqué anoche á mi casa y tuvo lugar en ella, y que US. presenció, fue decidido por la unánime y espontánea opinión de todos, que para hacer pública y general la convocación de todos los ciudadanos con el objeto de que emitan su voluntad libremente y por las vías del orden y de la civilización, conforme lo encargan SS.EE. el Libertador Presidente y el Jefe Superior Civil y Militar, se invite por mí, como lo hago en este momento al señor General Prefecto Departamental para que á las nueve de esta mañana indefectiblemente, se publique un bando con la mayor solemnidad, excitando á todo el pueblo á que á las once de esta propia mañana se reúna por las vías expresadas en el convento de San Francisco, y que si á las mismas horas de las nueve no se hubiese dispuesto por dicho señor Prefecto la publicación del bando, proceda yo á mandarlo, sin más dilación. Todo lo cual pongo en el conocimiento de US. para que se sirva ordenar se preparen en las puertas de la Prefectura la escolta de tropa y música necesaria, y que den á este acto todo el carácter de dignidad que merece, sirviéndose US. igualmente dar las órdenes consiguientes á esta comunicación."

Al mismo tiempo invitó S.E. al Illmo. Señor Arzobispo y venerable clero, á los SS. Presidente y Vocales de la Corte de apelaciones del Distrito, y á los Jefes principales de la milicia residentes en la ciudad con los oficios siguientes:

"Noviembre 25.-Al Ilustrísimmo señor Arzobispo.-Ayer noche se han reunido en la casa de mi habitación la parte más selecta de los ciudadanos, de esta capital casi todas las autoridades, casi todos los padres de familia y propietarios, para enterarse de los sentimientos del Excmo. señor Libertador Presidente. que S.E. el Jefe Superior me había trasmitido con los suyos. Yo tuve el honor de invitar á US. I. verbal y anticipadamente luego que me persuadí de que la reunión tendría efecto, deseando que US. I. y el clero respetable y patriota de Caracas, solemnizase el acto y concurriese á su mayor esclarecimiento y más prudente moderación. Aquel concurso numeroso y escogido supo lo que deseaba saber, ilustró con sabiduría graves y delicadas materias y resolvió que a las once de este día se reuniese en el convento de San Francisco el pueblo con el mismo fin y con el ulterior de uniformar sus ideas, aclarar sus dudas y elevar el fruto precioso de las opiniones de la mayoría al ilustre Magistrado que tiene sobre sí la carga sagrada de la tranquilidad de Venezuela.-A fin tan patriótico é ilustrado se prestará sin duda, US. I. á quien son tan caros los objetos cuya existencia quiere afianzar este heroico pueblo.-Y yo, cumpliendo con encargo tan querido y con el deber que mi carácter y mi destino me prescriben como conservador del orden público, suplico á US. I. se sirva allanar dicho convento y prestar al acto su concurrencia, que estimo altamente provechosa; añadiendo que en la persona de US. I. convido al distinguido y venerable cuerpo que preside inmediatamente."

"Noviembre 25.-Señor Presidente de la Corte Superior.-A los once de la mañana de este día se reunirán en el convento de San Francisco todos los ciudadanos para emitir libre y ordenadamente sus opiniones sobre el sagrado objeto de su existencia política, y para lo cual va á publicarse un bando en este mismo momento, que contiene las cartas de SS.EE. el Libertador Presidente y el Jefe Superior Civil y Militar, que ordenan esta convocación. En consecuencia espero que US. se servirá disponer que los señores miembros de la Corte Superior que US. preside, sus Secretarios y subalternos asistan á esta Asamblea General, en el concepto que S.E. el Jefe Superior en la carta anunciada me dice: nadie está dispensado le discurrir en esta materia. Dios, etc."

"Noviembre 25.-Señor Comandante de Arman.- Por mi comunicación de hoy N...... he instruido á US. de la reunión popular que debe celebrarse á las once de este día en el convento de San Francisco, y á ella deben concurrir todos los ciudadanos, cuyo carácter gozan en grado eminente los señores Jefes militares. Creo, pues que éstos se hallan en la obligación de asistir á una Asamblea que toca á todos, y espero que US se sirva así anunciarlo á dichos Jetes militares, no dudando que tanto US como ellos estarán convencidos de que cuando un pueblo entero trata de emitir su libre opinión sobre el sagrado objeto de su existencia política, debe al mismo tiempo alejarse hasta la más remota idea de que en la manifestación de su voluntad ha influido la fuerza armada. Dios etc."

Contestó el señor Prefecto prestando una completa aquiescencia, y ofreciéndose en todo cuanto se creyera dependiente de su influjo ó autoridad; y á las nueve de la mañana se promulgó de la manera más solemne, y en todos los lugares principales de la ciudad, el bando comprensivo de las comunicaciones del Excmo. señor Libertador, de S.E. el Jefe Superior, y de S.E. el Jefe General de Policía, que quedan insertas, y de la Alocución siguiente del señor Prefecto:

"He aquí, conciudadanos, los sentimientos íntimos, los deseos vehementes de Bolívar y Páez que todas las corporaciones, que todos los ciudadanos, expresen formal y solemnemente su querer. Al constituir de nuevo la sociedad, al darle una existencia diferente, ¿qué luz enseñará el camino, sino la luz de la opinión? Que se levante ella como un fanal sostenido por la sabiduría y por la fuerza, y se disipen las tinieblas y se esclarezca el cielo y la tierra de nuestra patria. Solo así volverán los males á la nada, y la dicha tomará su asiento en medio de nosotros. Ni el bien ni el honor nuestro permiten qué queden ilusorios los deseos laudables de aquellos magistrados. Según ellos debe cimentarse la confianza publica y animar á los ciudadanos á que emitan franca y libremente sus opiniones: "mas que indolentes (indolencia) sería callar"; y nadie sino nosotros labraría con el silencio nuestra ruina. Toca á Caracas, la madre heroica del 19, (de abril de 1810) toca á vosotros dar el ejemplo, porque sin duda lo acompañarán vuestro saber, la calma, precioso fruto de una experiencia dilatada, y la moderación que imprime el poder. Una reunión ilustre por la notabilidad de sus miembros, y en que habéis visto cuatrocientos de vuestros próceres, al leer los documentos insertos, y teniendo presente la circular del gobierno del 16 de octubre último, han pedido con absoluta uniformidad, y con una empeñada moderación, que en el día de hoy se congregue todo el pueblo caraqueño. Ellos quieren expresar sus opiniones, desean oír las de sus conciudadanos, y que la masa respetable que produzca la mayoría, sea elevada á S.E. el Jefe Superior. Bolívar y Páez lo ordenan, y el pueblo á quien ellos han antorizado. Que se congregue, pues, "nadie está dispensado le discurrir en esta materia". Que todos los ciudadanos concurran al convento de San Francisco á las once de esta mañana, armados con la verdad, la confianza y el patriotismo; y que por ellos y la moderación añada Caracas una página en los anales de su gloria. Caracas, noviembre 25 de 1829-19.-Lino de Clemente."

A las once en punto del día, después de obtenidas las contestaciones satisfactorias á las notas antecedentes, se hallaron eu efecto en el local de San Francisco todas las personas que asistieron á la reunión preparatoria, y puede decirse que el pueblo entero de Caracas. Brillaban en este momento más que nunca todas las virtudes de un pueblo culto en aquella patriótica congregación: fueron ocupados centenares do asientos, y el resto de la concurrencia se mantuvo de pie, llenando las naves laterales de aquel vasto local. (Dice Pasada, que había miedo.)

Como un paso previo é indispensable eligió S.E. el Jefe General, cuatro personas del concurso que sirviendo de secretarios llenasen los debeles de tales, llevando el registro de cuanto se obrara, tomando los votos, redactando lo que allí se acordara, y llenando en fin la confianza de Asamblea. Fueron elegidos los que suscriben Andrés Narvarte, Alejo Fortique, Félix M. Alfonzo, y Antonio Leocadio Guzmán, que ocuparon sus asientos respectivos. En seguida se nombró la comisión que debía á pasar á la morada del señor Prefecto para conducirlo.

Llegó Su Señoría, é instalada la Junta con un discurso análogo y bien concebido, que mereció el aplauso de los concurrentes, hízose la moción de que si debía ó no elegirse por la misma Asamblea su Presidente, puesto que el señor Prefecto, como primer magistrado civil, habia cumplido ya con la instalación: se citó la práctica de los Colegios electorales, de los jurados y de todas las reuniones de este género que son instaladas por el magistrado civil, y luego eligen el Presidente de su seno. El mismo señor Prefecto apoyó esta moción, y todos demostraron á no dejar duda, que era necesario aglomerar esta prueba más de orden y de confianza. Resuelta afirmativamente la moción, procedióse á elegir y quedó nombrado por unanimidad el mismo señor General Lino de Clemente. Previeron se las dificultades que se presentarían para obtener votaciones legítimas en un concurso tan numeroso, y después de algún debate en que sucedieron de unas á otras diversas proposiciones, propúsose una que, evitando todos los inconvenientes, fue admitida y resuelta por unanimidad.

Nombrado el señor Presidente, y los Secretarios, y adoptado el método de debates y votación, entró la Asamblea á ocuparse del objeto que la motiva, y dando principio por la lectura de las comunicaciones insertas y citadas ya se abrió la discusión; tomaron diversos oradores alternativamente la palabra; trataron con franqueza por dos días consecutivos las materias más importantes de nuestra política y legislación; se hicieron revistas exactas y luminosas de nuestra historia; se trajeron á colación numerosos documentos de todas clases, y se establecieron los fundamentos del Acuerdo que eii resumen son los siguientes:

Bien pudiera rescindirse del mensage que dirigió el General Simón Bolívar al Congreso de Angostura de 1819, en que propuso bases contrarias al sistema proclamado en Venezuela desde el momento de su transformación política; de su inconformidad con la Constitución de Cúcuta á pesar del juramento que prestó de someterse a ella, y que eludió ausentándose a remotas regiones por no gobernar con trabas; de la profesión de los principios de su política en la Constitución que presentó á la República boliviana, y que recomendó con encarecimiento para las del Perú y Colombia; de los medios de que se valió para disolver el Congreso del Perú y la Gran Convención reunida en Ocaña; de la acogida favorable y apoyo que prestó á los que por un movimiento revolucionario destruyeron en Bogotá las bases populares pura erigirlo Jefe Supremo y arbitro de la suerte de los colombianos. Bien podría prescindirse también de los rumores con que en diversas épocas se ha anunciado el trastorno de la república para refundirla en monarquía; pero no es posible ver ya con indiferencia los ataques repetidos y directos que bajo la administración dictatorial, se han dirigido y dirigen contra los principios inalterables y sagrados que la filosofía y la política establecieron, y que la libertad ha arrancado á sus enemigos á costa de tanta sangre y tan estupendos sacrificios; contra esos principios que la América proclamó ha veinte años en la aurora de la revolución, por los cuales han muerto nuestros padres y hermanos hemos perdido la quietud y el bienestar, y hemos reducido á escombros nuestras nacientes poblaciones y deliciosas campiñas. Desde que la voluntad de un hombre es la única ley de los colombianos, no sólo han dejado de oírse lo vivas entusiastas á la libertad, sino que la prensa, que desde su cuna había ilustrado nuestras opiniones, y acreditado nuestro proceder con una multitud de periódicos ó escritos sueltos, se vio obligada á renunciar á su grandioso instituto, y no se la ha oído más que elogios al absolutismo y maldiciones á la libertad. Se nos ha llegado á decir por la Gaceta ministerial de Colombia, y por las oficiales de Distritos (que el Gobierno hacía redactar) que los principios eran la gangrena de las sociedades, y la ruina de la América, mientras se nos aseguraba que el Gobierno de uno era el mejor, y que sólo la quietud servil y la obediencia ciega podrían hacernos dichosos. ¡Atroz injuria, que el pueblo heroico lloró con sangre! Los papeles que de la capital se enviaban por los agentes del Gobierno á las Provincias, participando todos del mismo espíritu, y comunes en su origen, han recomendado constantemente el silencio en lugar de la verdad, la ciega obediencia por el sano criterio, la abyecta inacción por el honesto ejercicio de nuestros derechos, y la servidumbre por la libertad. Toda Colombia ha visto con asombro el Eco del Tequendama y sus semejantes.

Se han propagado escandalosamente los apóstoles de la servidumbre, y perseguidos por todas partes á lo s patriotas veteranos y hombres libres: para los primeros se ha dilapidado el Tesoro, y las familias de los otros lloran huérfanas y miserables.

La agricultura toca ya a su ruina, y perecen de hambre sus honrados sostenedores, mientras que el comercio alejado por reglamentos caprichosos y precipitados, deja desiertos los puertos, cerrados los almacenes y medio pueblo en inacción.

El mismo General Bolívar ha dicho en una carta que sus amigos imprimieron, que el Gobierno no tiene unidad, estabilidad ni continuación; que anda á grandes saltos y deja vacíos inmensos por detrás: él ha dicho que está desesperado y que estamos á punto de perdernos todos: él ha dicho que no puede ya con la carga de la Administración, que su deber y su honor le mandan retirarse. El pueblo sufría todo esto y tanto más, como podría decirse, porque á lo menos había la esperanza de que vigente como lo estaba el sistema republicano, llegaría un día en que por este bien precioso variasen las cosas, y tomando un curso regular, se aliviaran nuestros males; pero interpretáronse las ideas: se tomaron las apariencias por realidades, y creyendo que el silencio era aquiescencia, la moderación temor, y el patriotismo abyección, se tuvo por llegado el momento, y parten excitaciones maquiavélicas y profundamente mal intencionadas á todos los hombres de crédito y de poder. Estos mismos se asombran de tamaña temeridad, y muy pronto el pueblo entero queda persuadido del ataque horrible que se daba á su libertad. Saben todos que el Jefe Superior del Centro, miembro del Consejo de Gobierno y Ministro de la Guerra, es el autor de la seducción: sábese que, según el tenor de aquellas comunicaciones, se contaba con poderosos apoyos, que mediaba el influjo interesado de Gabinetes extranjeros, y como á la letra dicen, las relaciones exteriores estaban comprometidas y no podía ya darse un paso retrógrado. Tal atentado parecía un sueño, pero muy luego hubo que convenir en la verdad de los hechos y en la existencia de la proyectada monarquía. Caracas, firme en los principios que proclamó al romper sus vínculos con la España, después de una madura y reflexiva deliberación sanciona:

Primero.-Separación del Gobierno de Bogotá y desconocimiento de la autoridad del General Bolívar, aunque conservando siempre paz, amistad y concordia con sus hermanos de los Departamentos del Centro y Sur de Colombia, para entrar á pactar y establecer lo que convenga á sus intereses comunes: lo cual, acordado, fue aplaudido con un entusiasmo extraordinario.
Segundo.-Que se dirija el acta justificativa del proceder y que contenga estas resoluciones, al Excmo. señor General Jefe Superior pidiéndole que consulte la voluntad de los Departamentos que forman la antigua Venezuela, y se sirva convocar con toda la brevedad posible, las Asambleas primarias en todo el territorio de su mando, para que según las reglas conocidas se haga el nombramiento de electores y sucesivamente el de los representantes que deben componer una Convención venezolana, para que tomando en consideración estas bases, proceda inmediatamente al establecimiento de un gobierno republicano, representativo, alternativo y responsable.
Tercero.-Que esta convención extienda el manifiesto que se dirigirá á nuestros hermanos de Colombia y á todo el orbe, expresando las razones que imperiosamente han ocasionado esta resolución.
Cuarto.-Que S.E. el benemérito General José Antonio Páez, sea Jefe de estos Departamentos; y que reuniendo, como reúne, la confianza de los pueblos, mantenga el orden público y todos los ramos de la administración, bajo las formas existentes, mientras se instala la Convención.
Quinto.-Que Venezuela, aunque impelida por las circunstancias ha adoptado medidas relativas á su seguridad, separándose del gobierno que la ha regido hasta ahora, protesta que no desconoce sus compromisos con las naciones extranjeras, ni con los individuos que le han hecho suplementos para consolidar su existencia política, y espera que la Convención arregle estos deberes de justicia del modo conveniente.

Caracas, á 26 de noviembre de 182 19 de la Independencia.

Hay cuatrocientas ochenta y seis firmas y continúan incurriendo á firmar el acta antecedente.

Fuente[editar]